Si el examen dura 90 minutos...

Nosotros nos vamos en el 61.

Es uno de los videos más famosos, o virales que dicen los jóvenes hoy día, de Ibai Llanos, en el que alienta a los estudiantes cada año antes de las PAU. Reflejando que hasta el rabo todo es toro, y siempre se puede rascar algo.

Nosotros, siguiendo esa mentalidad, decidimos que apuraríamos el Kruger hasta el final, con la ilusión de completar el big five avistando un guepardo. La idea era sencilla, dar más vuelta y en lugar de salir del Kruger por la salida más cercana a Mopani en Ba-Phalaborwa, bajar hasta Satara y cruzar Bushbuckridge y acabar saliendo por Orpen.

Y con esa mentalidad hemos completado el Kruger, ¡¡¡Sí!!! Hemos visto al guepardo… Bueno, de aquella manera, pero vayamos por partes…

Después de dormir sin pasar frio, cosa muy apreciable después de dos noches congelados, antes de las 6am estábamos esperando a que se abrieran las puertas del que ha sido nuestro último campamento en el Kruger. Cuando ésto ha pasado, hemos salido todavía de noche hacia el sur. Teníamos muuuuuchos quilómetros por delante…

Ha ido clareando mientras bajábamos, ningún avistamiento nocturno, pero, ya con luz, un chacal se ha cruzado por delante y nos ha acompañado unos metros, genial, pues los que vimos en el sunset tour de Lower Sabie no los vimos tan claramente…

Después, unas hienas (en dos ocasiones), los típicos antílopes y cebras, mangostas, y poco después un elefante de cara, que nos ha hecho retroceder hasta que el bicho ha decidido salirse de la carretera…

Y aun no ha sido el último premio gordo antes de llegar a Satara, pues más o menos donde ayer vimos a la leona, hoy había un macho joven tranquilamente tomando el Sol. Pintaba bien la cosa, pero el guepardo se escapaba.

Después de Satara, una jauría de monos, muchos, que debían ser hembras, con la cría en brazos. Realmente parecen personas en movimiento. Son muy muy curiosos.

Ya dirección Orpen, muchísimas jirafas, más cebras, muchas veces acompañadas de ñus, y algún que otro elefante a lo lejos. Siempre más agradables de ver.

Y al final, cuando quedaban menos de 10 quilómetros para salir del Kruger, un grupo de coches parados. Nosotros hemos hecho lo mismo y a la típica pregunta de…

Did you see something?

La respuesta, la deseada: un guepardo… con dos crías

en  parte, porque la segunda parte ha sido: pero se está yendo.

Como locos, nos hemos puesto a mirar, otear, divisar… lo hemos visto, sí, parcialmente, pero muy poco, y no le hemos podido hacer la foto. Era un regusto ni tan solo agridulce… y amargo… Habíamos "visto" al buscado guepardo, pero no como soñábamos. Y el Kruger se acababa. Sacábamos unas décimas por quedarnos hasta el minuto 61, pero no era lo que esperábamos.

Y hablando de esperar, ya no podíamos esperar más, pues teníamos un largo trayecto por delante. Dejábamos el Kruger y salíamos, prácticamente una semana después, a la civilización. Casi nos daba miedo, curioso, la civilización da más miedo que el "salvaje" mundo animal

Los primeros quilómetros, todavía entre las verjas del Gran Kruger, donde están las reservas privadas que comparten espacio con el parque público gozan de una carretera excelente, pero al llegar al pueblo de Orpen nos hemos encontrado con la realidad de Sudáfrica: un pueblo llenísimo de gente a pie de carretera, muchos coches circulando por cualquier lado e intentando esquivar los agujeros de la carretera, casi más escuelas que niños, y lleno de barracas vendiendo cualquier cosa a pie de la misma.

Eso sí, ha sido cruzar este pueblo, que nos ha costado, y hemos llegado a una carretera en condiciones prácticamente perfectas, de hecho, hasta te avisaba cuando había potholes. Hemos recorrido muchos quilómetros por ella, con haciendas a lado y lado que eran o bien resorts o bien viveros de plantas y árboles, en un paisaje verde precioso y con las primeras e increíbles imágenes de los Drakensberg al fondo. Ha sido un auténtico placer.

Nuestro objetivo era encaramarnos a estas montañas, para ello hemos recorrido dicha carretera hasta un lugar donde había un paso de montaña, ya no era todo tan de lujo, pero ni mucho menos tan pobre como Orpen. Los cambios en los pueblos son tan rápidos y curiosos como los del paisaje, del árido al verde, y del verde al rojo de las montañas.

Y si las imágenes del reencontrado Drakensberg en este punto eran preciosas desde abajo, una vez arriba y recorriendo la "panorama route", donde hemos hecho dos paradas que, sobre todo la primera, la mejoras.

Desde abajo veíamos unas ondulaciones que creíamos que eran las three rondavels. Tres pequeños cerros redondos con acabado cónico, como las casa típicas del país. Pero no. Ya arriba, en Thaba Chweu, hemos parado en el lugar ideal y hemos visto que eran otras, las de verdad, que por cierto, nos han llevado 20 años atrás a las three sisters de las Blue mountains de Australia, eran todavía más increíbles, y el cañón del rio Blyde que las recorre, ancho y alto, con un meandro visto desde allí, un lugar todavía mejor. Habíamos leído que las Rondavels son un icono de Sudáfrica. Para nosotros, más que las montañas, la vista, nos ha parecido una auténtica joya.

La segunda parada ha sido unos pocos quilómetros más adelante, los Bourkes Luck Potholes. Unas pozas de formas curiosas que el rio ha ido escarvando entre las montañas de la zona. Un paseo más curioso que bonito, pero que con los últimos rayos de Sol todavía impresiona más, pues la altura desde el desfiladero hasta el rio en algunos puntos es muy alta. Lugar fotogénico a más no poder y bien montado para un paseo corto, aunque difícil con una muleta.

Después de ese paseo, hemos decidido parar, ya veremos si mañana tenemos tiempo, hoy tampoco teníamos mucho pues las “atracciones” de esta ruta cierran a las 5 de la tarde, y seguir conduciendo, entre un bosque tan precioso como verde, parecía Canadá, hasta nuestro alojamiento en Graskop.

Y ha sido en Graskop, hace unos minutos, donde cenando en un restaurante, nos heos dado cuenta que el big five no incluye al guepardo si no al Leopardo. La cara de Aranete, el más afectado por no haber visto bien, y sobre todo por no tener foto del felino, ha cambiado por completo, y la nuestra al verlo, también. ¡Habíamos completado el big five hacía más de dos días y no lo sabíamos!

Sí, si el examen dura 90 minutos, nosotros nos vamos en el 91, como yo ahora mismo que me voy a la cama, pues llevo un palizón de coche, y mañana me espera otro, y más de 18 horas (y un minuto) despierto.

Y por cierto, lo del big 5, es totalmente una invención humana, yo al auténtico Big 4, hace casi 13 años que lo conozco, y llevo viajando con ellos casi 3 semanas.

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