Monitoritzant Còrdova

l'AVE, dijous poc abans de les 10 del matí.

La sèrie monitoritzant surt de Catalunya per primera vegada tot aprofitant dies de vacances pendents i una visita de la Mireioneta a Còrdova, potser la ciutat espanyola més important que tenim pendent. La Mireioneta està allà des de dimarts. Els nens es queden a casa, així que farem de nòvios durant més de 48hores. Tot un rècord. I vull intentar escriure el diari el més en directe possible...

El despertador ha sonado a las 7:00, mentira, el despertador iba a sonar a las 7:00, pero Pauilolo me ha despertado 5 minutos antes. No se encuentra bien, hay muchos virus, muy a mi pesar se va a quedar sólo en casa hasta que llegue “el tito”. Ya es mayor y le toca apechugar.

El resto, todo controlado, he salido con Aranete, que ha modificado un poco su ruta al cole para acompañarme un trozo, es un amor. He cogido el “rodalíes” que iba sorprendentemente vacío y he llegado a Sants con muuuucho tiempo de sobras. He podido desayunar un croissant y una botella de agua y embarcar con mucha tranquilidad en un tren lleno hasta la bandera, no entiendo la cantidad de gente que se mueve a diario la verdad.

A l'AVE, dijous poc després de les 10 del matí.

Tengo alrededor los miembros del equipo de 59 segundos que ayer emitieron el último programa, según parece Pablo Iglesias coge un tren más tarde. Tambien tengo casi 5 horas por delante para disfrutar del tren, aunque eso sí viajo de espaldas.

A l'AVE, dijous poc després de les 13 de la tarda.

El tren ha parado en Zaragoza y en Madrid, donde se ha quedado muy vacío, hasta ahora un poco, muy poco de trabajo, he intentado ver una película, pero entre la pobre conexión del tren y el Sol que entra por la ventana es imposible. Me dedico a la vida contemplativa. En el trayecto Madrid-Córdoba, el tren va “al revés”, es decir que ahora yo voy de cara, lo cual es mucho mejor.

A l'AVE, dijous poc abans de les 3 de la tarda.

Al tener más espacio he cambiado el no hacer nada por la lectura y entre campos de olivos a través de la ventana y conejos en el papel, estoy llegando a Córdoba.

Al nostre apartament cordovès, dijous a 2/4 de cinc de la tarda.

Podemos decir eso de “ya hemos comido”, que se acostumbra a decir cuando has comido bien, mucho, o tarde, como es nuestro caso. Pero podemos decir otras cosas, que ya estamos juntos y que he hecho mi primer paseo por Córdoba, la verdad es que he cruzado buena parte del centro de la ciudad.

Al salir de la estación lo primero que he visto han sido estudiantes, el ambiente universitario siempre le viste bien a una ciudad. La juventud da vida. He bajado por el espacio verde del paseo de la Victoria hasta el mausoleo romano, y en ese punto me he metido en el bullicio, que no es tal, del centro.

La comercial calle del Conde Gondomar, donde he visto la primera de las iglesias Fernandinas (mandada construir por Fernando III el santo) de momento, mejor el nombre del rey que la iglesia, y una escultura de uno de los ilustres de Córdoba, Antonio Gala, justo enfrente del gran teatro, en un bulevar que va a morir a esta calle.

Entre tiendas “típicas”, alguna de más autóctona y edificios nobles, he llegado a la plaza de las Tendillas, presidida por la estatua ecuestre del Gran capitán, Gónzalo Fernández de Córdoba y rodeado de los edificios más antiguos de la ciudad, como la central de teléfonos

En este punto he tenido la sensación de que Córdoba era una Sevilla "low cost", y la plaza de las Tendillas una Plaça de Catalunya también low cost. Por suerte, el repicar del reloj de la plaza al ritmo de guitarra flamenca, y seguir el paseo me han sacado de mi error y me han mostrado el carácter de la ciudad.

Adentrándome más hacia el rio, he empezado a ver calles encaladas, más estrechas y mucha decoración bonita. Incluso he visto el primer patio cordobés. En ese punto es donde puedo decir que Córdoba mola, y no por los monumentos como el arco del Portillo o palacios como el de los Burgos o el que acoge al museo arqueológico, que también, si no por esa belleza blanca, las flores, y los rincones, sean pequeños o sean grandes como la plaza de Jerónimo Páez.

Finalmente he llegado a nuestra casa de Home Exchange donde Mireioneta me esperaba en la puerta, me faltaba un clavel en la solapa. El apartamento en un tercero, ideal para subir con maleta y muleta, pequeñito pero con todo lo necesario para los dos, limpio, y con dos terrazas donde ahora voy a subir a hacer fotos pues se ve la mezquita desde él, y es que la ubicación es lo mejor de todo.

Al nostre apartament cordovès, divendres a les 7 del matí.

Ayer volvimos al filo de la medianoche cansados después de más de 6 horas paseando por Córdoba. Mireioneta demostró, una vez más, como de titana es pues quiso caminar desde el principio, y eso hicimos, bajamos al paseo de la Ribera que transcurre por el límite natural de lo que fue Corduba, el río Guadalquivir, hasta llegar a la primera zona “top”, la entrada a la ciudad histórica por la espectacular puerta del Puente, la parte de atrás de la mezquita y el monumento al Triunfo de san Rafael, el custodio de la ciudad.

Al otro lado del paseo, el increíble puente romano, que durante mil años fue el único que cruzaba el río y permitía la entrada a Córdoba, al fondo la torre de Calahorra, que acaba de vestir al puente, y un poco más allí una noria de agua, el molino de Albolafia, de origen almohade y de tal utilidad para suministrar agua a la ciudad, bien, a la gente de “bien”, reyes i demás, y que es de tal importancia que aparece en el escudo de la ciudad.

El paseo nos llevó, como estaba previsto, hasta los alcázares de los reyes Cristianos, pues los jueves por la tarde la visita es gratuita a partir de las 6 de la tarde. Después de un poco de la esperada cola, entramos a la que fue residencia de los reyes Católicos durante el reino de Granada, a ver, siendo gratis perfecto, los mosaicos de “su salón” tienen su visita y los jardines son muy agradables, especialmente bonito el que contiene al final una estatua de Colón con los reyes Católicos, muy Versallino, y sobre todo el que está más cerca de los palacios por la vistas de los mismos reflejadas en los estanques. Pero si hubiéramos pagado entrada… Eso sí, la luz era preciosa, empezó una hora mágica que se alargó mucho, mucho mucho rato.

Finalmente no estuvimos mucho rato, de manera que empezamos un largo y agradable paseo por el casco antiguo, lleno de edificios bonitos, nos acercamos por fin a la mezquita, donde empezamos a alucinar ya desde sus fachadas laterales, sus arcos increíbles, sus herraduras mágicas…

Cruzamos el patio de los naranjos, no se necesita entrada para él, y nos deleitamos con la torre del campanario, totalmente comparable en belleza y espectacularidad a la Giralda sevillana.

En ese punto nos adentramos a la judería, las estrechas, blancas y flamencas calles, llenas de bares, tiendas de souvenirs, motivos toreros y flores. Llegamos hasta la callejuela del pañuelo, muy, muy estrecha y con una pequeña y coqueta placita al final, donde estuvimos solos, suerte que no tuvimos en la de las flores, sin duda más bonita de una manera “reglamentaria” en lo que a belleza se refiere entre las flores que la visten, y la vista de la torre del campanario al fondo, que encima estaba iluminada por los últimos rayos de Sol, pero con muchos turistas, como nosotros, buscando la foto perfecta.

En ese punto el cansancio dijo "hasta aquí", y fuimos hasta la plaza de las Cofradías, un punto en el que se encuentran diferentes callejuelas del barrio judío. Se nos hizo de noche en la terraza, muy agradable, del bar El extremeño, tomándonos 2 cokes y una bolsa de patatas por 6.30€, y esto lo empalmamos con la cena en el restaurante Las Tapas de casa Pepe, donde “nos metimos”, “entre pecho y espalda”, tapas de: ensaladilla, berenjenas rebozadas con miel, croquetas, rabo de toro y alcachofas con papada y parmesano, todo espectacular, pero espectacular de verdad, las dos calientes, muy top. Ésto con bebidas (3), un postre, un café con leche y una infusión, 60€. Y allí ya llegó la típica discusión de… a ver, que los precios son comparables a Barcelona, sí, pero no con la Barcelona turística.

Con todo ésto se nos hizo hora de la actividad nocturna, El alma de Córdoba, la visita nócturna a la Mezquita Catedral. A las 22:15 se abrió la puerta y entramos al patio de los naranjos, donde nos dieron una audioguía y nos recordaron que al ser una actividad privada, por la que pagamos 20€ cada uno, no se podían hacer fotos.

La visita consistió en un video explicativo de la historia de la mezquita, bastante interesante, y una visita guiada, primero al patio de los naranjos y después, por fin, al interior de la mezquita-catedral, como “le dicen” por aquí, y es que, en realidad, ya hace varios siglos que el templo es Cristiano y sirve de templo católico.

El monumento es excelso, como se hartó de decir la guía, cualquier calificativo positivo le hace justicia en cualquiera de sus partes: la torre del campanario, la puerta de entrada, la espectacularidad sala de oración con más de 800 columnas de mármol y sus correspondientes y reconocibles arcadas, el Mihrab, que te hechiza de tal manera que no puedes apartar tu mirada buscando todos los detalles, y ya en la “parte católica”, el espectacular coro, representante máximo del orrus bacus, recargado al máximo pero con gran belleza.

Aún así, la visita no nos convenció, y es que la guía, aunque muy orgullosa de su trabajo, no llevó bien al grupo mostrándose más como una diva que como una guía, nunca olvidaremos sus movimientos de manos para hacer que se iluminaran las diferentes partes de la mezquita, cosa que hubiera podido ser espectacular, pero que no nos metió dentro del “alma de Córdoba”, una visita nocturna y con ese nombre debería ser más íntima, y la música a todo volumen en la catedral, más los comentarios de la audioguía solapándose con los de la guía, fueron demasiado. Vamos, que como el monumento es top, ahora salimos de nuevo a ver la mezquita, que de 8:30 a 9:30 es gratis.

Al nostre apartament cordovès, tarda del divendres.

Gran mañana turística dando vueltas por Córdoba gracias al bus turístico que compramos por 29€ cada uno y válido para dos días.

Eso sí, hemos empezado caminando por las calles de Córdoba hasta la mezquita donde, hemos podido repetir la visita de ayer pero a nuestro aire, y nos ha gustado más, la visita, y por ende, el monumento, si esto es posible. La sala de la oración, increíble, el Mihrab muchísimo mejor, poder ver las capillas cristianas, buscando donde está Góngora, una delicia. ¡Poder hacer fotos! Eso sí, el coro estaba cerrado, suponemos que porque había misa a las 9:30, de manera que eso nos consuela por haber pagado 20€ para la visita de ayer.

Al salir de la visita, donde hemos estado prácticamente hasta que ya “echaban” a los que no pagábamos, nos hemos ido hasta el monumento del triunfo de san Rafael para coger la línea azul del bus turístico, que nos ha llevado, tras pasar por los barrios de san Lorenzo y la Marina, y con amigables indicaciones, tanto de la audioguía como del simpático conductor, el cual, nos ha enseñado la estatua de Manolete, originario del barrio de los toreros, la Marina, las iglesias Fernandinas de san Lorenzo y santa Marina, o la torre de la Malmuerta, otra de las que daba entrada a la ciudad amurallada, aunque no estaba enganchada a ella, entre otras cosas, algunas de las cuales hemos visto después andando, pero otras las hemos dado por vistas.

Nos hemos bajado en el palacio de la Merced, actual sede de la diputación de Córdoba aunque originariamente fue un convento donde se dice que Cristóbal Colón residió unos años (sic) esperando ser recibido por los Reyes Católicos. El edificio es muy bonito, aunque hemos pasado tantas veces por delante que al final nos hemos dado cuenta que está lleno de trampantojos.

Hemos cruzado los agradables jardines de la Merced, con la estatua en honor a la mujer de Córdoba en la entrada y una pequeña mezquita dentro, y nos hemos adentrado por fin en el barrio de la Marina, donde tras pasar por la coqueta plaza de las Doblas y desayunar dos media con jamón y zumo de Naranja, y una con café con leche en el bar del hotel Soho boutique por 10.20€ hemos empezado una ruta preciosa ya desde el inicio con el la magnífica escultura del Cristo de los Faroles, sencilla, bonita, pero sobre todo, ubicada en un lugar mágico, donde es fácil imaginarse ritos de diferentes tipos. Es la primera vez que he tenido la sensación “mitos de Cthulhu” en versión “cristiana”.

A pocos pasos, y entre calles de casas encaladas, hemos llegado a la cuesta del Bailío, en honor a un noble que vivía allí, pues "el Bailío" era un funcionario “con cargo”, y el rincón, con una escalinata de granito muy italiana, con su fuente y todo, y unaa paredes blancas con cruces clavadas y buganvilla, precioso también.

Tan precioso, pero tan diferente en preciosidad es la cercana escultura de “la regaora” una de las tres esculturas en honor a los patios cordobeses, una de las tradiciones centenarias de Córdoba, y que representa el presente, con una mujer regando las macetas con una lata atada a una caña.

Finalmente, paseando por más y más calles estrechas, hemos llegado al palacio de los príncipes deViana, al cual teníamos acceso gracias a la tarjeta del bus turístico, y en el que hemos pasado un rato muy agradable viendo alguna de sus estancias, que ya dejaban claro que los príncipes de Viana tenían “posibilidades”, ¡ya querríamos para nosotros el comedor que tenía su servicio! pero sobre todo hemos disfrutado de los diferentes patios que alberga el palacio. Una vez más preciosos todos y cada uno de ellos, llenos de flores que cultivan en un invernadero en uno de los patios del mismo palacio. Visita muy recomendable.

De nuevo en el bus, y pasando de nuevo por la iglesia de santa María, la torre de la Malmuerta y el palacio de la Merced, hemos llegado hasta la plaza de las Tendillas, para visitarla los dos juntos, esta vez sólo hemos escuchado un acorde del reloj-guitarra y hemos ido hasta la plaza de la corredera, donde está el templo romano del siglo I donde se fundó Corduba y el ayuntamiento de la ciudad. Sinceramente, ninguna de estas dos plazas tiene un carácter especial, hay muchas otras con mucha más vida.

Buscando esa vida hemos vuelto a subir hasta san Lorenzo. Su iglesia fernandina, muy bonita, y la comida en la terraza del bar-restaurante Tu momento, con vistas a la iglesia y a base de: una clara de limón y una coke, un revuelto de verduras (con langostinos y jamón), un risotto de rabo de toro y un flamenquín, por menos de 50€, un placer para los sentidos. Se me sigue haciendo la boca agua con cualquiera de los tres platos.

De allí hemos caminado hasta Realejo, viendo algunos patios, cerrados, y la segunda de la trilogía de las estatuas de los patios, la de la abuela con su nieta, muy bonita y que en cierta manera, te acerca a la tradición de los patios.

Y ya hemos cogido el bus hasta el arco de campillo, un sencillo arco con la única historia de comunicar la parte alta de la ciudad con la baja y con algún que otro palacio cerca todavía habitado, antes de subir a descansar a casa hemos caminado hasta la plaza del potro, bonita, al lado de casa y con historia, pues recibe su nombre porque en ella se vendían caballos ya en el siglo XIV. Muchos de los vendedores que venían de fuera se alojaban en el mesón del potro, donde posteriormente pernoctaron personajes como Luis de Góngora y tanto la posada como su corral fueron mencionados por Cervantes en el Quijote.

Al nostre apartament cordovès, mitjanit de divendres a dissabte.

El descanso se ha alargado hasta pasadas las 21, hemos subido a la azotea para hacer una foto espectacular de la mezquita al anochecer y, eso sí, uno de los “highlights” de la escapada, visitar el Hammam al andalus, un lugar muy elegante, donde hemos sido tratados súper bien y donde hemos gozado de las termas y del hammam durante una hora y de un masaje increíble de 30’, de esos que, hemos pensado… ¿y por qué no hacemos esto más a menudo? De verdad, que el paraíso podría ser un masaje infinito. Aunque es de esos sitios donde "lo del dinero es lo de menos" (gran mentira ésta). Hemos pagado 54€ cada uno.


A l'AVE, diumenge, 1/4 de set de la tarda.

Ésto ya se ha acabado, estamos en el tren a la altura de Puertollano, la escapada ha sido una auténtica maravilla, estar 48 horas con la pareja, sin obligaciones y a solas, es algo que no nos acostumbra a pasar, y como “es fácil de decir” es necesario, aunque difícil “de hacer”.

Esta mañana, sin ninguna prisa, pero tampoco muy tarde, hemos salido de casa, bajando las escaleras nos hemos encontrado con nuestra "host", con la que hemos estado charlando un buen rato, de muchas cosas banales y de algunas muy serias y tristes, hemos disfrutado mucho de la conversación y hemos llegado a la conclusión que, a pesar de nuestros prejuicios, tenemos cosas que aprender de los andaluces, sobre todo en cómo afrontar la vida.

Después de coger el bus hasta los alcázares hemos iniciado un paseo por san Basilio, comenzando por la escultura del abuelo y el niño, y así completar la trilogía de obras de arte, en ésta, es el abuelo, el pasado, que ya enseñó a su hija la regaora, la tradición de cuidar los patios, y ahora lo hace con su nieto, el futuro.

San Basilio es el centro neurálgico de la fiesta de los patios Cordobeses, el concurso que acoge en Mayo a los 50 mejores patios de casas particulares y habitadas que se abren al público a ser visitados y a competir para ser el más bonito. Nosotros, hemos podido entrar, gracias al bus turístico a algunos de los que están abiertos todo el año, y la verdad es que elegir un preferido es muy difícil, todos están muy cuidados y ofrecen un espacio fantástico para reunirse en familia y estar un poco más fresco en verano, nosotros a final de marzo ya íbamos en mangas de camisa (eso sí, por la noche refresca).

Entre patio y patio hemos entrado también a la parroquia de Nuestra Señora de la Paz, donde hemos visto la preparación de otra de las tradiciones más importantes de Córdoba, la Semana Santa, la parihuela ya estaba esperando a los jornaleros en la entrada y el Paso presidía el altar.

Hemos salido de san Basilio por la puerta de Sevilla y cogido el bus hasta la de Álmodovar, que junto a la muralla separa la bonita calle Cairuan, con unos terraplenes y unas “piscinas”, de la judería, la zona de calles estrechas y sinuosas, y una de las más turísticas, a la par de bonitas de la ciudad.

Después de tomar un aperitivo a base de 1 fino, 1 coke, 1 tapa de albóndigas y una de filetitos de lomo, estos últimos muy buenos, en el mesón Guzmán, muy torero, cordobés y con bastantes locales, cosa habitual en las zonas turísticas donde los locales se mezclan con el turismo.

En la visita "judía" hemos entrado a la sinagoga, sin más que el típico espacio de culto con símbolos hebreos, hemos visitado el zoco, con un patio muy bonito también, la entrada del museo del torero, y le hemos tocado la babucha a Maimónides, para ser un poco más sabios o asegurarnos volver a Córdoba…  es j****o porque si pudiera, no sabría que elegir.

Hemos caminado por el callejón de la Luna, bonito, pero me lo esperaba más y hemos rematado la judería en el callejón del Salmorejo, día de tradiciones cordobesas. Al salir, ya estábamos en los baños reales del Alcázar, y hemos aprovechado para coger el bus, aunque hemos tenido que esperar mucho rato, para cruzar el casco antiguo, infestado de turistas, como se notaba que era sábado, ayer había muchos menos, y lo que no había eran despedidas de solter@, ¡madre mía! Había un montón.

Nos hemos bajado en la iglesia de san Pedro y hemos empezado a volver hacia casa callejeando un poco hasta encontrar un sitio donde rematar la comida, cosa que hemos hecho en la taberna Los mosquitos, una taberna muy auténtica donde por 23.70€ hemos tomado una clara, una coke, media de jamón, muy bueno, y un flamenquín, pinchazo aquí, y lástima porque ha sido el último plato de la escapada y hasta ahora todos habían sido de notables a excelente.

Y poco más, hemos vuelto a casa a recoger, y con las maletas hechas hemos ido a la estación de tren en taxi, 9€, y hemos subido al tren que nos lleva a casa, que aunque nos ha encantado estar de novios, ya tenemos unas ganas locas de ver a nuestros dos “pequeños”.

La propera escapada serà amb vosaltres.

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